
Sergio Rollón conquista la última Puerta Grande de la Feria de Begoña tras cortar dos orejas en Gijón, donde Emiliano Osornio dejó detalles de calidad y Samuel Castrejón brilló al natural.
La Feria de Begoña despidió su edición de 2026 en la plaza de toros de El Bibio con el nombre de Sergio Rollón como principal protagonista. El novillero abulense, incorporado al cartel en sustitución de Álvaro Serrano, aprovechó su oportunidad y conquistó la Puerta Grande después de desorejar al segundo novillo de la tarde.
La novillada de La Cercada ofreció opciones para el lucimiento y permitió ver momentos de buen toreo a lo largo del festejo. Emiliano Osornio abrió la tarde con una faena de pulso pausado, mientras que Samuel Castrejón dejó pasajes de gran calidad, especialmente con la mano izquierda en el sexto. La espada, sin embargo, condicionó el resultado de sus actuaciones.
Sergio Rollón encontró en su primer oponente el escenario propicio para demostrar su capacidad. El novillero de Burgohondo construyó una faena basada en el dominio y la firmeza, llevando al animal con autoridad y consiguiendo los mejores momentos por el pitón derecho.
Su labor tuvo continuidad y mando, dos argumentos que terminaron de dar forma a una actuación de premio. Una estocada certera puso el broche a la faena y el palco concedió las dos orejas, reconocimiento que le permitió abandonar El Bibio a hombros.
La cara menos favorable llegó con el quinto. Rollón volvió a mostrarse dispuesto, pero los problemas con el acero y la necesidad de recurrir al descabello diluyeron sus opciones de ampliar el balance. Tras sonar un aviso, saludó desde el tercio.
Emiliano Osornio fue el encargado de abrir plaza y dejó una primera muestra de su concepto, caracterizado por la expresión pausada y el ritmo en el muletazo. Frente al novillo que inauguró el festejo, el mexicano encontró momentos para desarrollar un toreo templado y de buen gusto.
La faena tuvo premio en forma de una oreja, después de rubricarla con la espada.
En el cuarto, Osornio volvió a buscar la profundidad y la ligazón, aunque esta vez la suerte suprema no le permitió redondear su actuación. Una estocada y dos descabellos, con aviso de por medio, dejaron su resultado en una ovación tras la petición de trofeo.
Samuel Castrejón se marchó de Gijón sin trofeos, pero con argumentos para reivindicar su concepto. El novillero dejó una imagen destacada en el sexto, en el que encontró los pasajes más brillantes de su tarde toreando al natural.
Su propuesta tuvo expresión y personalidad, con momentos en los que logró conducir las embestidas por el pitón izquierdo. La falta de acierto con la espada, después de varios pinchazos, le cerró la puerta a cualquier recompensa y terminó saludando una ovación de despedida.
En su primero, Castrejón también había escuchado el reconocimiento del público tras una actuación que no pudo traducir en premio.
La tarde dejó, además, el reconocimiento a los banderilleros Caco Ramos y Jorge Prado, que saludaron después de su intervención en el tercio de banderillas.
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